sábado, 24 de marzo de 2012

DIAS ARMENIOS (ESTAMPA DE TONINO GUERRA)

Les daba por hablar de Georgia muy a menudo; al menos muy a menudo para mí: en los bares españoles nadie habla nunca de Georgia. Hablaban sobre todo de políticos georgianos, de migraciones georgianas, incluso de automóviles georgianos. Para intentar integrarme en las conversaciones, yo les decía, muy serio: "Georgia is always on my mind".
Entonces me miraban, extrañados, y me decían: "Why?". 


Tonino Guerra (izq) y Artavadz Pelechian (der) en el festival de Yerevan 2006 


Lo pasamos bien en Armenia. Representamos incluso el chiste del saben aquél que van un cineasta alemán, un italiano, un chileno y un español bañándose en un lago helado. De hecho, alemanes teníamos hasta dos, y  Peter Hoffman era mi favorito.

Nos llevaron a la casa de Paradjanov. 
Resultó que, en vida, éste ya había decorado la casa como si fuera un museo de sí mismo, así que, ahora que estaba muerto, nada había cambiado demasiado y era como si el mismo Paradjanov nos hiciera de anfitrión, sirviendo coñac y vodka de albaricoque, sin duda el mejor vodka que he tomado en mi vida.



Las paredes estaban decoradas con figuritas abigarradas y collages hechos por el propio Paradjanov.
Me llamó la atención uno fechado en 1965, que llevaba por nombre "Mexican". 
Pensé que sería perfecto para la portada de un disco de Pascal Comelade, y que si Comelade se despistaba y lo pasaba por alto, algún día tendría que montar una banda llamada Los mariachis de la nada (una banda que tocaría de todo, menos corridos, rancheras o tex mex), solo para poder sacar un disco y usar el collage del mexicano con el corazón roto en la portada. 



En medio del salón, un hombre manoteaba alegremente, como si lanzara las palabras al vuelo y así pudiera sostenerlas un rato dando vueltas por los aires. Era de poca estatura y su locuacidad irradiaba tanta energía que ahora dan ganas de escribir que no aparentaba su edad. Pero sí la aparentaba. La calculé unos ochenta y saltaba a la vista que solo podía ser italiano. Pese a los años y las canas, llevaba un bigote bien poblado. Pensé que de joven debía haberse parecido mucho al mexicano del collage.
Todos le llamaban Güerra. 


Con Yasmine Kassari y Tonino Guerra

Y en efecto, era el mismo Güerra célebre por haber escrito cien películas y, en un rato que tenía libre, haber superado el récord histórico de goles de Zarra. 
Aunque en su caso, que fueran cien, o doscientas, era lo de menos. 
Lo de más es que esas películas eran "La aventura" y "La notte" y "L'eclisse" e "Il deserto rosso" -"ah ya, ¿entonces escribía películas de esas de autor?"; "cállate y espera..."- y "Matrimonio a la italiana" y "La donna è una cosa meravigliosa" y "Casanova 70" y "Blow up" y "Amantes" (la de De Sica) y "Zabriskie Point" e "I girasoli" y "Amarcord" y "Cadaveri eccelenti" y "Cristo se paró en Éboli" y "El misterio de Oberwald" y "Nostalgia" e "Y la nave va" y "Viaje a Cythera" y "Kaos" y "Ginger y Fred" y "El apicultor" y "Good morning Babilonia" y "Paisaje en la niebla" y "La mirada de Ulises" y "La eternidad de un día" y hasta el corto de "Eros" en que el cine italiano alcanzaba la síntesis de Antonioni con Tinto Brass.
¿Alguien da más?
Todos nos quitamos el sombrero ante un genio tan inverosímil, tan versátil.
Y cada vez que yo decía Guerra -en vez de Güerra- todos me miraban, extrañados, y me decían: "who?". 

En el centro del salón, Güerra departía con otro señor que también aparentaba la edad que tenía, si no más, que escuchaba con las manos quietas como si las llevara atadas a las caderas y que podría haber sido de cualquier lugar del mundo menos italiano. Le dieron una placa, y alcancé a escuchar su nombre mientras cabeceaba: Artavadz Pelechian. A veces, en las noticias informan de la muerte de algún famoso al que dabas por muerto hacía años y te quedas sin saber si tienes derecho a entristecerte. Por una vez en la vida, la ignorancia había tenido la capacidad de resucitar a un muerto, así que celebré mi desinformación y seguí mirando, muy atento, por si al final resultaba que Paradjanov también aparecía.
Ya nada hubiera podido extrañarme en una sala habitada por Guerra y Pelechian. 




En Armenia, clasifiqué dos tipos de tumbas. 
Las antiguas y desportilladas, como puzzles de mármol rotos, esparcidos por el suelo para desdecir aquel verso de Borges que proclama a la ausencia "definitiva como un mármol", pero junto a las que, infatigables, mujeres de todas las edades siguen depositando flores y ramos de tomillo. 
Y las tumbas más recientes, de hombres jóvenes, litografiados de cuerpo entero, abrazados a los mismos kalashnikov que al final de bien poco les sirvieron, tumbas con cierto regusto obsceno, como para contradecir otro verso de Borges: "y el mármol no hable lo que callan los hombres" (habrá que conceder, definitivamente, que Borges no goza de predicamento alguno entre los sepultureros armenios).
Me quedo pensando en que el resultado de mezclar ambos estilos de tumbas -la suma del puzzle de mármol y las lápidas con dibujos de hombres armados-, sería exactamente igual que el collage que Paradjanov dedicó al mexicano. 
Y así es, y de ningún otro modo, cómo ahora me imagino que debería ser la tumba de Tonino Guerra: un trencadís con su imagen juvenil, mostacho en ristre, disparando balas rojas que estallan en el aire como los pedazos de un corazón roto contra un cielo amarillo.

1 comentario:

  1. Bona tarda Isaki! Som Sound de Seca, un grup de percussio de Cervera que ens agraden molt els teus treballs! Ens encantaria tenir algun tipus de colaboracio amb tu, podriem parlar-ne via email? Pots contactar-nos a sound.dck@gmail.com

    Esperem que ens diguis quelcom!

    Roger

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