miércoles, 4 de enero de 2012

COPIAR/ INNOVAR

       Gracias a Arcadi Espada, voy a parar a una entrevista en Edge con Mark D. Pagel, profesor de biología evolutiva, en la que éste diserta sobre el papel de la innovación y la copia en la cultura. 









      Y me vienen a la cabeza estas secuencias de "Pepe le Moko" (Julien Duvivier, 1937) y "La maman et la Putain" (Jean Eustache, 1973).
      
       Un estudio inconográfico nos llevaría a concluir que Eustache está calcando a Duvivier: el plano detalle del tocadiscos, los planos medios, los cuerpos iluminados por las luces puntuales de las lámparas y recortados contra las paredes cercanas, el montaje en plano/ contraplano, y sobre todo, esa música diegética cuyo tiempo sostenido suscita en el espectador la sensación de asistir a la restitución del tiempo íntegro de la experiencia de los personajes. No sería raro que uno llegara a pensar que los planos de ambas secuencias son intercambiables.
      
       Me parece oportuno recordar que Duvivier había sido despreciado sistemáticamente por los jóvenes turcos de la Nouvelle Vague. Así que, con esta secuencia de "La maman et la putain", llegaba el momento de la síntesis, y Eustache reconciliaba al fin en el mismo plano a Duvivier con Truffaut, a los cineastas de entreguerra con Godard: el cine como trabajo colectivo solo alcanza su plena madurez cuando se siente lo bastante seguro de sí mismo como para reconocer su tradición sin tener que matar a ningún padre. 


       En su artículo más famoso (uno de los pocos que escribió desde el desprecio, y sin duda eso es significativo de nuestro escaso reconocimiento y capacidad de recuerdo para con la generosidad), Truffaut señalaba que los cineastas de la generación precedente eran incapaces de "inventar sin traicionar".

      Lo que más me fascina de la secuencia de Eustache es que, partiendo de unas formas previas, consigue crear algo estrictamente nuevo: pura autobiografía. Es más: cualquiera que vea "La Maman et la putain" reconocerá en estos planos la personalísima caligrafía de Eustache, su capacidad innata para plasmar cambios de estado de ánimo. 

     Habían sido necesarios treinta años y una generación por medio para que Eustache pudiera inventar sin traicionar y, de paso, demostrara que, en manos de un cineasta con una personalidad tan acentuada como la suya, "innovación" y "copia" no son siempre conceptos culturales antagónicos. 


        Por eso, en cierta ocasión pude decir que mi secuencia favorita en realidad eran dos. 


- Si me deprimo, cambio de época.
- Me estás incomodando.
- ¡Ah!

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