lunes, 28 de noviembre de 2011

MARABUNTA

Acabo de entregar un artículo para el próximo número de la revista MARABUNTA, editada por Gràcia Territori Sonor. 
Quiénes aún no conozcan la revista, podrán hacerse una idea si les digo que la sección musical de la próxima edición explorará el rastro que une a Luigi Russollo y el Arte de los Ruidos con la llamada "música industrial". 
A continuación, les avanzo el inicio de mi artículo:


LAS MÁQUINAS CONSCIENTES

1- DACTILOGRAFÍA

Lo más hermoso de las míticas máquinas pintadas por Francis Picabia y Marcel Duchamp es que, al acercarte lo suficiente a esos cuadros, compruebas que sus pinceladas no fueron trazadas mediante ningún ingenio mecánico, sino todo lo contrario: las mejores apologías de la máquina que ha dado el siglo XX fueron pintadas a mano.

2- LA MÁQUINA DE MÚSICA

Es conocido el viejo relato árabe que narra la derrota en partida de ajedrez del rey y poeta Al Mutahid, a mediados del siglo XI, en frente de una máquina, construida por un arquitecto y cabalista cordobés, que la regaló al monarca para reconciliarse tras haber aceptado un encargo extranjero y caer en desgracia.
Es sabido que aquella partida entre el rey y la máquina duró tres días y tres noches, y que, después de la derrota, otros tantos días con sus noches fueron necesarios para que un servil cortesano descubriera, oculto en el interior del artefacto, a un enano reclutado en Toledo, que era quien concebía, cual pequeño caballo de Troya, los movimientos de las piezas de ajedrez.
Aquí termina el relato divulgado una y mil veces.
Porque, en cambio, ya nadie recuerda ni canta los hechos posteriores, el desmantelamiento de la máquina, el crujir de las bisagras y las tuercas con rosca al ser desmontadas, ni se habla jamás del hallazgo, entre los restos de la máquina, del hierro forjado con una aleación indescifrable, de las placas biseladas como nadie había visto nunca antes, ni del encuentro de las imaginativas poleas invertidas, ni de los múltiples avances técnicos que los sabios de la corte descubrieron mientras destripaban el ingenio que había planeado el arquitecto cordobés para esconder en su interior al enano toledano.
Por lo demás, los siglos han dictado que Al Mutahid, no satisfecho con su doble condición de monarca y primer poeta, también inventó un portentoso instrumento musical que, en las escasas y fragmentarias crónicas, nos es descrito como una caja de música, metálica, de la altura de un hombre y el ancho de tres espaldas. El fulgor de este ingenio deslumbraba, literalmente, a los vecinos cada vez que era expuesto al sol del mediodía, en la plaza del mercado, para ejecutar sus primeros conciertos. Entonces,  la primitiva a la par que sofisticada máquina musical emitía una sonoridad atónita, hueca y rechinante, tan estremecedora como la percusión de un rito fúnebre, aguda y definitiva como los silbidos con que en aquel lugar celebraban las bodas, música de marejada que ni siquiera el metal resplandeciente lograba distraer.
Y sin embargo, de un modo tan sistemático que se nos antoja impuesto, las crónicas nunca nos dan menor indicio y evitan siempre sugerir que el rey poeta construyó la máquina a base de reciclar los materiales y de imitar al pie de la letra las ideas y procedimientos planteados por el arquitecto y cabalista cordobés.
Del mismo modo, también nos ocultan que aquel instrumento musical en forma de caja fue, en realidad, el potro de tortura con que Al Mutahid castigó al cordobés durante tantos días y tantas noches como duró la partida, y que el sonido de la máquina no era otra cosa que el de los huesos triturados entre el rechinar de las poleas.

(...)

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En síntesis

El artículo es bastante extenso y continúa, hasta doce, con una traducción íntegra del texto "Sobre el teatro de marionetas", de Heinrich Von Kleist, y con apartados dedicados a Jean Tinguely, la máquina Enigma analizada en tanto que instrumento musical y a los inventos sonoros de Raymond Roussel.  

Próximamente, MARABUNTA en los mejores quioscos. 

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